domingo, 2 de agosto de 2009

Sin palabras.

Fue extraño quedar sin palabras, con mil pensamientos revueltos, filtrados por mi conciencia inerte. Se me ocurría hablar de esto o de lo otro, nada preciso, vaguedades ambiguas que no expresaban lo que sentía, pero que calmaban la ansiedad de ese preciso instante en que su mano tocaba la mía. Frío como la nieve, temblaba y no sabia por que mis movimientos se volvían cada vez mas torpes, todo se congelaba, nada existía mas que dos cuerpos latiendo de pasión. Sus labios tocando los míos comenzaban hacerme sentir la sangre caliente que recorre cada vena bombeada a 100 por segundo. Nuestros cuerpos comenzaron a denudarse, su piel tensa, suave, caliente; rozaba la mía sudada, transpirada de los nervios que siente un quinceañero en su primera experiencia sexual. Sus ojos transmitían ternura y una carga de sentimientos confusos, todo en una nube de deseo. Fue un encuentro etéreo surgido de dos seres mortales, dioses en ese instante, a los que la suave brisa del mar arropaba con un manto invisible que les protegía de un mundo externo, no existía mas que una mezcla de sensaciones extrañas que mariposeaban en mi estomago, con esa maravillosa sincronía natural que nos dejaba llevar al clímax, explotando en sensaciones sin palabras. Es así como le empecé a querer; con cada gesto, cada mirada, cada palabra, cada ocurrencia. 

Así comienza una historia de amor, con aquella torpeza natural que culturalmente nos cohíbe a expresar lo que sentimos.

EH2

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